Trentemoller (con dj T.O.M.)y Modeselektor pincharon a la vez, el primero en el escenario Movistar y el segundo en el San Miguel, los dos más grandes. Trentemoller, como decía antes, comenzó ofreciendo una sucesión de pitos e innovación acústica inapropiada para las cuatro de la mañana, sobre todo porque los allí presentes requeríamos cañita brava para mover el esqueleto. Con el tiempo se fue animando y al final ofreció una buena sesion, pero bajo mi punto de vista sin energía, falta de contundencia.
El techno está muriendo, y en el Creamfields 2007 pudimos apreciarlo: qué difícil es encontrar a alguien que nos haga bailar como locos. Los sonidos suaves influidos por el minimal están a la orden del día.
Quien sí aporto cosas fueron
Modeselektor, formado por tres personas pinchando y que aplicaba a su electrónica buenas dosis de voces rayando el hip hop o el ragga, sonidos electro y scratches. Su set fue muy oscuro, muy interesante.
A las 6 de la mañana llegó
Rex the Dog. Era uno de mis esperados y su set de una hora no defraudó. Acompañado por las imagenes del perrito que le han hecho famoso, con él llegó el electro divertido e incluso pasteloso, una música que te hace feliz. Decían que no es un buen dj, pero su sesión pareció de una ejecución perfecta sin complejos.: sin alardes, sólo buscaba hacernos bailar. Y vaya si lo hizo. Bajo la carpa microclima que ya estaba semidesierta (a las 6 de la mañana fue cuando realmente me di cuenta de que la mitad de las 30.000 personas que fuimos al Creamfields se habían pirado, quizás después de Prodigy hubo una gran desbandada) Rex hizo sufrir aún más nuestros callos. Se esperaba su remezcla de "
Tony de Beat", the The Sounds, y casi al final se la marcó. Un gran tema y un momento de éxtasis musical difícil de olvidar.
Fue una pena tener que dejar a Rex 10 minutos antes de que acabara, pero la cita era ineludible:
Miss Kittin. La francesa perdió el año pasado sus maletas con los discos viniendo a Villaricos, y tuvo que pinchar durante dos horas con los cedés de su portacedé, toda una putada (y no le salió una mala sesión, aunque de temas que ya había hecho sonar como nuevos en su Sonar de 2005). Este año, la buena de Caroline Hervé se levantó a las 6 de la mañana, se duchó, se tomó un vaso de leche y se puso a pinchar a las 7, con el sol saliendo, ante no menos de 4.000 almas. Eso es empezar el día con buen pie. Su set estuvo bien, aunque bajo mi punto de vista también algo falto de contundencia, una crítica que hago a casi todos. Pero bueno, Miss Kittin sabe conectar con el público, y a las 8 y media eso es importante. Su sesión me terminó de dejar k.o. por completo, y es que 14 horas bailando sin parar no son moco de pavo.
Al final me quedé con el regusto de haberme perdido alguna actuación que hubiera molao, y sobre todo de haber ido a Prodigy. Un año más acabamos a las 9 y pico directos para la playa. Esta es otra de las grandezas del Creamfields, claro, acabar la fiesta y poderte ir al
chiringo de la playa a tostarte o a la multitud de
raves del pinar a seguir bailando si quieres. Nosotros es lo que hicimos, pero eso ya es otra historia.